Familia

Tres cosas que deberías copiarle a tu hijo para ser más feliz

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Como padres nos fijamos mucho en qué enseñamos a nuestros hijos y nos preocupamos en cómo hacerlo para que se conviertan en adultos sanos y felices, y a menudo no reparamos en que nosotros también podemos aprender de ellos, y mucho.

Perdonar y olvidar

Olvidan antes, perdonan mejor. A pesar de que tengas la sensación de que si no le dices que pida perdón no lo hará jamás la cuestión es que cuando perdonan, lo hacen de verdad, de un modo mucho más sano que nosotros los adultos.

Los niños cuando perdonan pasan a otra cosa, dejando apartado y zanjado el tema objeto de perdón. Sin embargo los adultos solemos ir una y otra vez a ese tema, nos cuesta dejarlo estar.

Y ese ir y venir lo que hace es abrir una y otra vez la herida, impidiéndonos seguir, emponzoñando ese perdón que dimos.

Reír, reír y reír

Los niños ríen de verdad, a menudo y abandonándose a esa risa. Un buen sentido del humor es un factor protector, una vacuna y al mismo tiempo una herramienta para superar las alteraciones del estado de ánimo.

Por muy mal que haya ido el día seguro que hay algo con lo que puedas reírte: busca el lado divertido y lo notarás en tu estado de ánimo, ya verás.

Ser flexibles

Si tuviéramos que resumir todo eso que hacen los niños y que como adultos deberíamos conservar en una sola cosa ésta sería “Ser flexibles”. No, no me refiero a que intentemos llegar, al agacharnos, con las manos al suelo (aunque todo es ponerse), sino a ser flexible a nivel cognitivo.

A medida que vamos madurando nos vamos haciendo menos y menos flexibles: cada vez nos molestan más los cambios (de sitio, de planes…), cada vez nos cuesta más adaptarnos a ellos.

Sin embargo los niños muestran una flexibilidad cognitiva maravillosa, no se aferran a las ideas, contemplan otras opciones, aceptan los cambios, experimentan… Y eso hace que se adapten mucho mejor al mundo

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