Bienestar

Las madres no tenemos la culpa

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Cuando por fin entendí que las madres no tenemos la culpa, por suerte, aun mis hijos estaban pequeños, y supe que para ser mejor mamá, tenía que ser feliz. Y eso implica, muchas veces, priorizarse.

¿De dónde salió que las madres tenemos la culpa de todo? 

No soy culposa. Por suerte entendí, muy temprano en mi maternidad, que para ser mejor mamá tengo que ser feliz. Y esto implica muchas veces priorizarme a mí sobre mis hijos. Salir con mis amigas y dejarlos en casa, cerrar la puerta con llave para poder tomar mi clase de ingles, o simplemente decir que no puedo.

Cada vez que una madre me dice: “me da culpa”, yo digo: “no, fuera culpa, no la necesitas. Hazlo y vas a ver que al final es mejor para todos”. Porque a fin de cuentas una gran parte de la felicidad de nuestros hijos depende de nuestra propia felicidad.

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Si estamos enojadas, frustradas, encerradas en la rutina es probable que no maternemos con alegría, empatía y cariño, sino más bien con enojo y rencor. Y la verdad, quién quiere maternar así?

¿De dónde salió que la mamá tiene la culpa de todo? ¿Fue Freud? Gracias, Sigmund, un capo. Trastornaste generaciones enteras de mujeres que cargan con una maleta de culpas y van sacando según la ocasión: lo dejé solo, culpa; le dije que no podía, culpa; va a tener un hermanito, culpa.

¿No llevó el sweater al colegio y hacía frío? La madre no se ocupó.

¿Se olvidó la cartulina que pidieron? La madre trabaja demasiado.

¿No lo vinieron a buscar temprano? La madre es una despistada.

¿Tiene problemas para relacionarse? Es que la mamá no le dio la teta el tiempo suficiente.

La madre no tiene que hacerlo todo

No puede ser que viviendo en 2023 y con todo lo que hemos avanzado, aún hoy escuchemos este tipo de afirmaciones. “Se necesita una aldea para criar hijos” es un dicho popular que alude a que la crianza es una tarea que se hace en grupo, no en solitario.

¿Dónde estaba el padre cuando ese niño salió a la mañana sin el sweater? ¿Por qué no lo busca una tía en la escuela? ¿No había una mamá de otro compañerito que pudiera comprar dos cartulinas? Y mejor ni hablemos de culpar a las mamás por los trastornos alimentarios de los hijos, porque ahí sí ya me molesto y mucho.

Priorizar nosotras antes de los hijos

Las mamás no podemos con todo, es injusto que se espere que sí. Y, cuando las situaciones nos desbordan, o elegimos priorizarnos sobre nuestra prole, entra la culpa. Porque nosotras también pensamos que tenemos que poder (bueno, obvio, nos enseñaron eso toda la vida), y nos cargamos la culpa propia y la que nos instalan los demás cuando en realidad lo que deberíamos hacer es tan simple -y tan difícil- como pedir ayuda. O tomarnos momentos que nos recarguen de energía y amor para poder maternar mejor.

Así que, amigas madres, FUERA CULPA. Fuera culpa. No te queremos, no te necesitamos, no serves para nada, adiós.

Repitan conmigo y para siempre: madre feliz, niños felices.

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