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Conoce sobre el Phubbing

Las habilidades sociales disminuyen de manera proporcional a la intensidad con la que se produce el phubbing

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Phubbing el secuestro telefónico de tu hijo que le aísla y arruina su vida social

Priorizar el teléfono móvil frente a la interacción personal deteriora las habilidades sociales de los menores, puede propiciar conflictos emocionales o afectar a su rendimiento académico. Marcar límites de uso claros o que los padres den ejemplo son algunas pautas para fomentar un buen uso del ‘smartphone’

El término phubbing es un neologismo anglosajón que describe un mal uso del teléfono. Exactamente significa ignorar a una persona por prestar atención solo al móvil. La palabra surgió en Australia en 2012 a raíz del diseño de una campaña publicitaria relacionada con la tecnología, y está compuesta por el vocablo phone (teléfono) y snubbing, el acto de no hacer caso a alguien de manera ofensiva o deliberada.

“El phubbing está creciendo y normalizándose debido al fenómeno social de reciprocidad, porque pasar de las personas para centrarnos en el móvil provoca un efecto de contagio en los otros, que acabarán actuando igual.

“Sabemos que un 87% de adolescentes prefiere comunicarse a través de una pantalla que cara a cara. Y que más de la mitad de los españoles admite aislarse del entorno cuando consultan su smartphone. “Es más, muchos padres y madres tienden a dar prioridad a la tecnología en presencia de sus hijos y si los niños les ven absortos con el móvil, acabarán adoptando el mismo comportamiento”.

Las habilidades sociales disminuyen de manera proporcional a la intensidad con la que se produce el phubbing. “La falta de contacto visual puede percibirse como una falta de interés, lo que creará distancia entre las personas durante la conversación y repercutirá en el deterioro de las capacidades para relacionarse, provocando situaciones como conflictos emocionales, rupturas personales y familiares o problemas académicos y laborales.

Algunas de las señales que indican Phubbing en tu adolescente

  • El uso del teléfono produce placer y disfrute. El menor vive pendiente del teléfono, que es lo que le aporta bienestar.
  • Se crea un círculo vicioso en torno a la búsqueda de más tiempo para estar con el teléfono y perpetuar la sensación de disfrute que produce.
  • El niño resta importancia a su actitud con el dispositivo electrónico cuando su entorno le advierte sobre su comportamiento con frases como: “Qué tontería; si todos lo hacen”.
  • Hay dificultad en la autorregulación del impulso para usar el teléfono. El cerebro necesita esa recompensa, aunque no se trate de una sustancia, y el niño no puede evitar hacerlo.

Consecuencias del ‘phubbing’

En mayor o menor medida, el uso del móvil en contextos sociales de forma inadecuada tiene diversas consecuencias para el menor, en función del grado en que se produzca. “En primer lugar, se produce un deterioro importante en las esferas social, familiar, laboral o académica, de manera persistente, al menos durante un año.

Cómo impacta esta adicción tecnológica en la vida de un niño o adolescente:

  • Se convierte en la actividad dominante de la vida diaria.
  • Hay síntomas de abstinencia emocionales, como ansiedad o nerviosismo.
  • Se produce un incremento progresivo del uso del teléfono.
  • Los intentos de controlar la conducta son infructuosos.
  • La pérdida de interés por otras actividades antes deseadas y saludables, como el deporte.
  • Se mantiene un uso excesivo del teléfono, a pesar de los problemas que acarrea, como los conflictos familiares.
  • Se miente en cuanto al tiempo de uso del dispositivo.

“El telefono movil es la puerta al universo virtual, con el que se puede hacer casi todo, pero no deja de ser un objeto y, por lo tanto, hay que aprender a utilizarlo, comenzando por las personas adultas para dar ejemplo a los menores”.

Cómo actuar frente al ‘phubbing’

Conviene poner límites claros y estrictos a los menores con respecto al uso de los teléfonos móviles a través de diversas estrategias: “Optar por una comunicación más directa; yendo al grano sobre lo que se quiere decir, ya que los adolescentes tienden a dispersarse y utilizar frases como: ‘Mírame, cuando llegues a casa, no puedes usar el móvil hasta determinada hora”.

 Otra forma de controlar el uso del móvil es a través del refuerzo positivo, como con felicitaciones cuando el niño o el joven interactúa correctamente en detrimento del teléfono. “De esta forma, la persona se siente motivada, cuando durante la conversación mantiene el contacto visual, presta atención o sonríe”.

En otras ocasiones conviene finalizar la interacción cuando se encuentra en el momento álgido de motivación. “Por ejemplo, si en la mesa se cuenta un chiste y hay risas, conviene evitar que el joven use el móvil en ese momento agradable, para conseguir que lo recuerde sin interrupciones y se quede con ganas de repetir la situación sin el teléfono”.

Hay otras ocasiones en las que conviene ser más contundente, como cuando el menor es reticente al cambio de conducta con respecto al abuso del dispositivo tecnológico. “En este caso, tienen que experimentar consecuencias negativas o de sanción, explicando la situación con frases como: ‘Puedes mirar lo que quieras, pero mi tiempo es tan importante como el tuyo y si sigues con esa actitud, me voy”. Concluimos que evitar quedar con la persona es útil para que esta se dé cuenta de las consecuencias que conlleva un uso inadecuado del móvil.

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